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by  Fernando Nakasone
 

Juan Nakamatsu Nakamatsu

Ayer, en horas de la tarde, cuando raudo me apresuraba para cumplir con el Consejo de Fiscales de la APJ y tener en mente otras obligaciones ya cronogramadas, me encuentro en la puerta del CCPJ, con el Reverendo Julio Vallejo Hayashida, quien me informa de la partida del amigo Don Juan Nakamatsu.
Un inicio del año 2004 poco generoso en el mundo terrenal, porque grandes amigos y respetadas personalidades han emprendido ese camino al más allá.
Don Seiboku Kunigami en la misma fecha con Víctor Miyagui, Luis Nohara al día siguiente de celebrada su misa de salud, la siempre recordada señora Carmen Rosa Shimazaki y ayer asistir al velorio del doctor Víctor Ishiyama culminada mi actividad en fiscales; por tan solo mencionar esos nombres.
Hoy nos toca la fibra de la sensibilidad el amigo y benefactor de la colectividad don Juan Nakamatsu, a escasos dos meses de la misa concelebrada por Monseñor Miguel Irízar, su gran amigo. ¿Será que el Omnipotente esté llamando para su compañía celestial al lado de ángees y querubines a estos buenos amigos?
Recuerdo a Monseñor Irízar en la Misa de Salud con su atuendo verde esmeralda y la tenue luz de las velas reverberando en ese vaivén del fresco aire. Me parecía ver la imagen del Señor de la Misericordia con sus radiantes luces de esperanza.
Creo que esas luces son las que siempre modestamente nos regaló don Juan con tantos actos de bondad al servicio de la colectividad y de la comunidad en general.
Un caballero a carta cabal, humilde, puntual, tenaz, siempre pensando en dar lo mejor. Anoche después de culminada la reunión el amigo Juan Gibu me contó que pese a su dolencia con mascarilla de oxígeno para aliviar su dificultosa respiración don Juan Nakamatsu trabajaba disponiendo la ampliación de su casa, haciendo romper las paredes para mayor comodidad familiar.
Así fue Don Juan, por ello muchas páginas se escribirán sobre la trayectoria de este buen hombre, los colegios de nuestro entorno, Santa Beatriz (Jishuryo), el CEGECOOP La Unión, nuestro Estadio La Unión, porque él fue uno de los colaboradores en la construcción de las dos cabañitas, Emmanuel para acoger a los huérfanos en abandono, una casa de reposo para los ancianos y un Policlínico para el cuidado de la salud, por tan solo mencionar algunas de sus actividades.
Pienso que tiene ganado el cielo a creces y un reposo eterno al lado del Señor.
Don Juan Nakamatsu Descansa en Paz.
A su querida esposa doña Kikue, a sus hijas, nietos y familiares, nuestro sentimiento de hondo pesar.

Su amigo

César Tsuneshige Fukuda

Callao, 26 de enero del 2004