INFONIKKEI
by  Fernando Nakasone
 

Seiboku Kunigami

Don Seiboku Kunigami, falleció a los 97 años de edad, causando gran sorpresa y dolor entre quienes conocían su gran espíritu, lucidez mental, inquietud intelectual, fortaleza y ánimo, y esperaban celebrar con él sus 100 años de vida.
El día de hoy, 12 de febrero, se celebrará una misa recordatoria por su alma, y es ocasión propicia para reflexionar sobre sus enseñanzas y la influencia que una sola persona puede tener en la vida de los demás.
Prensa NIKKEI desea compartir con sus lectores una semblanza de Don Seiboku Kunigami, en las palabras de su hija menor, Alejandrina, a quien agradecemos su generosidad al permitirnos acercarnos a sus recuerdos.

SEIBOKU KUNIGAMI
Hablar de nuestro padre se nos hace un poco difícil, más aún si se trata de hablar de sus cualidades, ya que no le conocimos defectos. Sin embargo, por un lado la Srta. Ciria Chauca, periodista de Perú Shimpo, nos pidió información sobre el autor del Himno del Centro Recreacional «Jinnai», nuestro querido y recordado padre, y coincidentemente, justo unos días antes, la redacción de Prensa NIKKEI, a través del Sr. Nori Higa, también había estado preparando un artículo en homenaje a su memoria, para lo cual nos solicitó mayor información.
Considerando que nuestro padre fue asiduo lector de ambos medios de comunicación, es que accedí a plasmar en estas líneas la gran admiración que sentimos por él.
Deseo agradecer este homenaje especial que le hacen a nuestro padre.
Alejandrina Kunigami.

Nuestro padre, al que cariñosamente llamábamos OTOOCHAN (incluyendo mis primos) FATHER, la suscrita -OJIICHAN y HII OJIICHAN, la bisnieta del Japón... era una persona maravillosa, que nos ha dejado un grato recuerdo lleno de enseñanzas, asimismo era muy sencillo, con un gran corazón, de mente muy ágil, sano, fuerte, activo, muy observador y a la vez irradiaba sabiduría, además de gran fortaleza a pesar de los duros momentos que le tocó vivir durante la 2da. Guerra Mundial. Sobretodo le caracterizaba siempre su sonrisa y su gran amor por la vida; su gran deseo era llegar a los 100 años de vida.

Le gustaba enseñar todos los conocimientos adquiridos desde su infancia, su juventud, madurez y tercera edad, siempre con ejemplos. Sus años de vida transcurrieron primero en su ciudad de nacimiento Shuri-Okinawa, parte de su juventud en Shangai, en donde tuvo la oportunidad de estudiar contabilidad y trabajar por varios años. Posteriormente a los 24 años de edad llegó al Perú.

No guardaba para sí nada, le gustaba compartir todos sus conocimientos, todo lo caminado, vivido a través de sus 97 añitos, conversaba siempre sobre su experiencia vivida en el pasado, siempre dándonos consejos para el duro batallar diario.

Modelo de persona sana, desde tempranas horas estaba levantado y no había imposibles para él, siempre observaba y buscaba la solución imparcial a todo cuanto se le presentara o a quienes le pedían sus sabios consejos basados en las enseñanzas de nuestros abuelos; él siempre estaba dispuesto, atento a ayudar a solucionar, mediante la comunicación.

Para nosotros él no conocía la palabra egoísmo, siempre nos educó en casa que seamos sinceros, abiertos a seguir su filosofía digna de admiración.

Sumamente disciplinado, antes de acostarse realizaba su infaltable ejercicio de 30 minutos diarios, aprendido desde pequeño y complementado con lo aprendido en el Centro Recreacional Jinnai y las bolitas chinas imantadas. Siempre de las 20:30 a 21:00 horas se le veía haciendo sus ejercicios y cuando tenía algún compromiso, por muy tarde que fuera su regreso o por muy cansado que estuviere, hacía sus ejercicios -creo que los ejercicios, más el subir y bajar las gradas de los 4 pisos de la casa, además de la comida sana sin muchos condimentos, eran los secretos de haberse mantenido tan sano hasta que se le presentó la enfermedad.

Le gustaba mucho leer, escribir. Participaba al igual que mi tía y mi madre en el Concurso Internacional Anual de Haiku, organizado por NHK de Japón. Para este último concurso tenía en mente el tema «2006 machikanete imasu» (Esperando con ansias el 2006), año en que cumpliría sus 100 añitos, pero por su salud lamentablemente no pudo participar.

Gustaba de salir a caminar, pedalear bicicleta. Por muchísimos años, de joven, por el trabajo y por la falta de personal, también se encargó del reparto de camisas. Se desplazaba en bicicleta por las calles de Lima, por eso era difícil que no supiera los nombres de las calles de Lima antigua, y cada vez que veía a transeúntes en bicicleta nos comentaba con orgullo, que él llevaba más de cuatro docenas de camisas en cajas para su reparto y también trasladaba piezas de tela para la confección de las mismas, acomodándolas con armazones adicionales elaboradas por él mismo, con su característico ingenio, su pericia y mucho equilibrio.

Gustaba mucho de los paseos, viajes. Se mantenía siempre ocupado, dedicaba su tiempo al trabajo del jardín y de sus plantas, por las que sentía mucho amor. Hacía de todo: carpintería, electricidad, origami, reciclaba cajas cambiándoles la forma de acuerdo a la funcionalidad que le quería dar, no había imposible para él en cuanto a la destreza manual se refería.

Siempre gustaba mantenerse bien informado de las noticias tanto locales como internacionales, las cuales comentaba con nosotros o cualquier otra persona, no había tema de conversación en el que pudiera quedarse callado por no saber. Nos inculcó siempre el pensamiento por muchos conocidos, «Si no sabes pregunta: pasas vergüenza una sola vez por preguntar y no serás ignorante toda tu vida por no haber preguntado» y también «Trata a las personas como a ti te gustaría que te traten» entre muchos otros más.

En sus momentos libres se dedicaba con gran inspiración a escribir la historia de su vida con la ilusión de que la historia familiar no desaparezca. Registraba cada anécdota vivida tanto en el seno familiar como en la parte de la historia compartida entre Japón y Perú, su segunda patria, como siempre lo decía, y también acerca de su diario batallar en el negocio.

Modesto y fuerte hasta el final, en el 90º Aniversario de la Inmigración Japones al Perú (1996) recibió de las autoridades japonesas la distinción de una condecoración.

P.D.: Estimados señores Periodistas-gracias por haber llegado hasta el final, pero creo que en pocas líneas he querido decir mucho pero creo que el espacio será el gran problema, por ello les rogaría se sirvan adecuar, ordenar el contenido.

Además: No sí se deseen colocar en la parte final los comentarios sueltos de las enfermeras que atienden a mi madre y que también atendieron a mi padre:

«Ojiichan, realmente me enseñó a valorarme, a quererme como persona, a luchar por la vida para conseguir lo que quiero. Le estoy agradecida eternamente como ser humano con un corazón muy noble». Clara Villena.

«Ojiichan fue y seguirá siendo una gran persona a quien siempre lo recordaré a través de sus enseñanzas». Felícita Santa María.

(fuente: Prensa Nikkei 12/02/04)